El devastador terremoto de magnitud 7,7 que golpeó la isla de Flores, en el este de Indonesia, dejó al menos 87 personas fallecidas, 1.298 heridas y más de 150.000 desplazadas. Una semana después del desastre, las continuas réplicas mantienen en alerta a la población y dificultan el retorno de miles de familias a sus hogares.
El balance actualizado fue divulgado este sábado por la Agencia Nacional de Gestión de Desastres de Indonesia. De las 1.298 personas heridas, 336 se encuentran en estado grave y requieren atención especializada. En tanto, 150.576 habitantes permanecen alojados en refugios, campamentos y espacios improvisados distribuidos en siete distritos de la isla de Flores. BNPB y medios indonesios
La magnitud de la emergencia también queda reflejada en los daños materiales. El último relevamiento reúne cerca de 54.000 viviendas, edificios públicos y otras estructuras afectadas. Escuelas, centros sanitarios, oficinas gubernamentales, templos y caminos sufrieron daños de distinta consideración, mientras las autoridades continúan verificando los datos en las comunidades más alejadas.
Uno de los mayores obstáculos para la recuperación es la persistente actividad sísmica. Hasta la tarde de este sábado se habían registrado 5.335 réplicas, una cifra superior a la informada inicialmente. La más fuerte alcanzó una magnitud de 6,2; otras 32 superaron la magnitud 5 y al menos 128 fueron percibidas por la población. Esta sucesión de movimientos mantiene a muchas familias fuera de sus casas, incluso cuando sus viviendas no presentan daños visibles, ante el temor de nuevos derrumbes.
El terremoto principal se produjo durante la madrugada del sábado 15 de agosto. La Agencia de Meteorología, Climatología y Geofísica de Indonesia situó el epicentro en el mar, aproximadamente 30 kilómetros al noreste de Nagekeo, a una profundidad estimada de 15 kilómetros. La escasa profundidad intensificó la fuerza de la sacudida en la superficie y agravó los daños en varias localidades de Flores. Reporte técnico de la BMKG
El movimiento activó una alerta de tsunami en varias provincias del archipiélago. Las autoridades ordenaron evacuaciones preventivas y recomendaron a la población mantenerse alejada de las playas y desembocaduras de ríos. La advertencia fue levantada posteriormente, pero el episodio incrementó el pánico entre los habitantes de las zonas costeras.
Durante los primeros días, los equipos de emergencia enfrentaron carreteras bloqueadas por deslizamientos, fallas en las comunicaciones y cortes de electricidad. Parte de los accesos principales ya fue rehabilitada y el suministro de energía y combustibles comenzó a normalizarse. Sin embargo, llegar hasta pequeñas aldeas y comunidades insulares continúa siendo un desafío logístico.
El Gobierno indonesio movilizó personal militar, policías, rescatistas, equipos médicos y voluntarios. Hasta el viernes se habían distribuido unas 778 toneladas de alimentos, agua, carpas, colchones, mantas, generadores y otros insumos. También fue desplegado en el puerto de Reo un buque hospital con capacidad para internar a 75 pacientes y realizar intervenciones quirúrgicas. Actualización oficial de la BNPB
La asistencia humanitaria se concentra ahora en garantizar agua potable, alimentación, atención médica, instalaciones sanitarias y protección para las personas que permanecen en los campamentos. También se brinda acompañamiento psicológico, especialmente a niños que continúan afectados por el miedo provocado por las constantes réplicas.
Flores se encuentra sobre la falla inversa del arco posterior de Flores, una estructura tectónica capaz de generar terremotos de gran magnitud y tsunamis. La isla ya sufrió en 1992 un terremoto acompañado de un tsunami que provocó alrededor de 2.500 muertes.
Indonesia integra el denominado Anillo de Fuego del Pacífico, una de las regiones con mayor actividad sísmica y volcánica del mundo. El país todavía recuerda el terremoto de magnitud 9,1 registrado frente a Sumatra en 2004, que desencadenó un gigantesco tsunami y dejó cerca de 167.000 muertos solamente en territorio indonesio.
Mientras continúa la evaluación de los daños, las autoridades advirtieron que las cifras todavía son provisionales y podrían modificarse. La prioridad sigue siendo atender a los heridos, mantener el suministro de ayuda y determinar cuándo será seguro que las más de 150.000 personas desplazadas regresen a sus comunidades.