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Pacto histórico: la UE aprueba el acuerdo con el Mercosur tras más de dos décadas de negociaciones

Después de 25 años de idas y vueltas, la Unión Europea dio luz verde al acuerdo comercial con el Mercosur. El entendimiento, que apunta a crear la mayor zona de libre comercio del mundo, avanzó pese a la fuerte resistencia de varios países y al temor del sector agropecuario europeo.

Tras más de un cuarto de siglo de negociaciones, la Unión Europea aprobó este viernes el acuerdo comercial con el Mercosur, un paso clave para la creación de la mayor zona de libre comercio del planeta. El aval se alcanzó en una reunión de embajadores en Bruselas, donde los 27 Estados miembros lograron una mayoría cualificada, a pesar de la oposición anunciada por países como Francia, Polonia e Irlanda.

Con este respaldo político, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, viajará el próximo lunes a Asunción para firmar formalmente el acuerdo con Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay. Sin embargo, la entrada en vigor no será inmediata: del lado europeo todavía resta la aprobación del Parlamento Europeo, un trámite que podría extenderse varias semanas y cuyo desenlace es incierto.

El escenario en la Eurocámara aparece dividido. Cerca de 150 eurodiputados, de un total de 720, ya advirtieron que podrían recurrir a la Justicia para frenar la aplicación del pacto, al considerar que pone en riesgo a sectores sensibles de la economía europea.

El acuerdo, negociado desde 1999, prevé la eliminación de aranceles sobre más del 90% del comercio bilateral y la conformación de un mercado de más de 700 millones de consumidores. A cambio de una mayor apertura a productos agroindustriales sudamericanos —como carne, arroz, miel o soja—, la UE busca ampliar las exportaciones de vehículos, maquinaria, quesos y vinos al Mercosur.

Las resistencias no son menores. Los detractores del pacto, encabezados por Francia, sostienen que el mercado europeo podría verse seriamente afectado por la entrada de productos sudamericanos más competitivos, producidos bajo normas consideradas menos exigentes. En contraste, países como España y Alemania defienden el acuerdo como una herramienta estratégica para diversificar mercados en un contexto de creciente competencia china y tensiones comerciales con Estados Unidos.

Italia, que en diciembre se había alineado con París y bloqueado el consenso, cambió de postura esta semana y destacó los “enormes beneficios” económicos del entendimiento. Del lado sudamericano, la impaciencia también se hizo sentir: en la última cumbre del Mercosur, el presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva reclamó “coraje” y “voluntad política” a la UE para cerrar el acuerdo.

Concesiones para el campo europeo

Con el objetivo de desactivar la fuerte oposición de agricultores y ganaderos, la Comisión Europea incorporó en los últimos meses una serie de cláusulas de salvaguarda. “Las prioridades agrícolas han estado en el núcleo de las negociaciones, y hemos negociado como locos”, reconoció el portavoz comunitario Olof Gill.

Entre las medidas anunciadas figuran límites a los cupos de importación libres de aranceles para sectores sensibles como el cárnico, avícola, el arroz, la miel, los huevos y el etanol, además de mecanismos de intervención en caso de desestabilización del mercado.

En diciembre, Bruselas fue más allá y anunció que abrirá investigaciones automáticas si los precios de productos del Mercosur son al menos un 8% inferiores a los europeos y si el volumen de importaciones supera ese mismo umbral. También se comprometió a reforzar la legislación sobre residuos de pesticidas en productos importados, una de las principales denuncias del sector agropecuario europeo.

Esta misma semana, la Comisión prohibió de forma total tres sustancias —tiofanato-metilo, carbendazima y benomilo—, utilizadas especialmente en cítricos, mangos y papayas. Francia, donde continúan las protestas de agricultores con tractores en los accesos a París, decretó además el cese temporal de importaciones de varios productos tratados con fungicidas y herbicidas prohibidos en la UE, en su mayoría procedentes de Sudamérica.

Así, el acuerdo avanza entre promesas de crecimiento y advertencias de conflicto, con un debate que ahora se traslada al Parlamento Europeo y a la opinión pública del continente.