Aunque ambas potencias acordaron una tregua y preparan nuevas negociaciones, persisten profundas diferencias en temas clave como el control del estrecho de Ormuz, las sanciones económicas y el programa nuclear iraní. Estados Unidos y Irán lograron pactar un alto el fuego tras semanas de escalada militar, pero las negociaciones para alcanzar un acuerdo más amplio enfrentan serios obstáculos. Las conversaciones, previstas para esta semana en Pakistán, estarán marcadas por desacuerdos estructurales entre ambas partes.
Teherán difundió recientemente un plan de diez puntos que, según sus autoridades, podría servir como base para el diálogo. Sin embargo, desde la Casa Blanca aseguran que ese documento no refleja la hoja de ruta que maneja Washington, lo que evidencia la distancia entre las posiciones.
Uno de los principales focos de tensión es el control del estratégico estrecho de Ormuz. Tras el conflicto iniciado el 28 de febrero con ataques de Estados Unidos e Israel, Irán bloqueó casi por completo este corredor clave para el tránsito mundial de petróleo y gas, generando un fuerte impacto en la economía global.
Aunque Teherán accedió a reabrir temporalmente el paso, exige mantener un control directo sobre el estrecho, una propuesta que genera incertidumbre sobre su aplicación práctica. En paralelo, Irán y Omán —que actuó como mediador— avanzan en conversaciones para establecer un mecanismo de supervisión del tráfico marítimo.
Según fuentes diplomáticas, el plan incluiría el cobro de tasas por el paso de embarcaciones, en coordinación con Omán. Incluso, el presidente estadounidense, Donald Trump, analiza alternativas similares, de acuerdo con reportes de medios internacionales.
En el plano económico, otro punto crítico es el levantamiento de sanciones. Irán exige el fin de las restricciones impuestas principalmente por Washington, que fueron reforzadas durante la administración de Trump tras la salida unilateral de Estados Unidos del acuerdo nuclear de 2015. Estas medidas han golpeado severamente la economía iraní durante años.
A su vez, Washington insiste en incluir en la negociación limitaciones al programa de misiles balísticos iraní y el cese del apoyo a grupos aliados en la región, como Hezbolá o los hutíes en Yemen. Ninguno de estos puntos figura en la propuesta presentada por Teherán.
El programa nuclear sigue siendo el eje central del conflicto. Estados Unidos sostiene que Irán estuvo cerca de desarrollar un arma atómica, una acusación que Teherán niega y que no ha sido confirmada por el Organismo Internacional de Energía Atómica.
Irán defiende su derecho a desarrollar energía nuclear con fines civiles, mientras que Trump fue tajante al afirmar que no permitirá “ningún enriquecimiento” de uranio. Además, propuso trabajar conjuntamente para recuperar más de 400 kilos de material nuclear que habrían quedado enterrados tras bombardeos en 2025.
Pese a que el mandatario estadounidense aseguró que este punto está “resuelto”, las diferencias de fondo persisten y amenazan con complicar las negociaciones.
Con este escenario, el proceso diplomático arranca bajo una tregua frágil y con múltiples interrogantes. El resultado de las conversaciones será clave no solo para la estabilidad regional, sino también para el equilibrio geopolítico global.