Ir al contenido principal

Info News

IPS al borde del colapso: cuando el Paraguay termina en Asunción

Comparte esta entrada en...

Editorial por Firmino Benitez Barroso

La crisis del Instituto de Previsión Social no es solamente un problema de Asunción. En el interior del país, miles de asegurados llevan años enfrentando hospitales desbordados, falta de especialistas, escasez de medicamentos y servicios que no responden a las necesidades de una población que también aporta y sostiene al sistema.

Hablar hoy de que el Instituto de Previsión Social (IPS) está al borde del colapso parece casi una novedad para algunos sectores de la sociedad paraguaya. Pero para quienes viven en el interior del país, el colapso no es una amenaza futura: hace años forma parte de la vida cotidiana.

La diferencia es que cuando el problema llega a Asunción, inmediatamente se convierte en noticia nacional. Cuando la misma crisis golpea a un asegurado de Pedro Juan Caballero, Concepción, Caaguazú, Encarnación, Ciudad del Este, Pilar, Filadelfia o cualquier otro punto del territorio nacional, muchas veces apenas merece unas líneas.

Y aquí está el verdadero problema: pareciera que para buena parte de quienes gobiernan el Paraguay, el país comienza y termina en Asunción.

Un Paraguay dividido en dos

El discurso oficial habla permanentemente de un país integrado, de igualdad de oportunidades, de descentralización y de desarrollo para todos. Sin embargo, la realidad cotidiana de miles de paraguayos demuestra una situación muy diferente.

El interior existe cuando hay que recaudar impuestos, producir alimentos, generar energía, explotar recursos, movilizar la economía o conseguir votos.

Pero cuando llega la hora de distribuir servicios públicos de calidad, infraestructura, salud, educación y oportunidades, el mapa parece achicarse considerablemente.

Asunción concentra decisiones, recursos y atención. El resto del Paraguay espera.

Y esa espera puede significar meses para una consulta especializada, kilómetros de viaje para acceder a un estudio médico, derivaciones permanentes hacia la capital y familias obligadas a gastar dinero que muchas veces no tienen para intentar conseguir una atención digna.

El asegurado del interior también paga

Hay una pregunta que las autoridades deberían responder con absoluta claridad:

¿Por qué un trabajador de Pedro Juan Caballero, Concepción, Caaguazú o Encarnación debe recibir un servicio inferior al de un trabajador de Asunción si ambos aportan al IPS?

El aporte mensual no lleva estampado el lugar de residencia del asegurado.

No dice “este dinero pertenece a Asunción”.

Es dinero de trabajadores paraguayos.

Por eso, el derecho a la salud tampoco puede depender de la dirección que figura en la cédula de identidad.

El Paraguay no puede continuar funcionando bajo una lógica en la que el ciudadano del interior sea considerado paraguayo para aportar, pero prácticamente invisible cuando reclama servicios.

Fachadas, anuncios y una realidad que no cambia

Durante años hemos escuchado anuncios de modernización, ampliación de servicios, construcción de hospitales, incorporación de tecnología y fortalecimiento de la atención médica.

Sin embargo, para muchos asegurados del interior, esas promesas terminan siendo simplemente fachadas institucionales que no se traducen en una mejora sustancial de la atención cotidiana.

Porque un edificio nuevo no resuelve por sí solo el problema si faltan médicos especialistas.

Una infraestructura moderna tampoco sirve de mucho si el paciente debe ser derivado a Asunción para acceder a un tratamiento.

Y un discurso político no puede reemplazar medicamentos, equipos, profesionales y atención humana.

El verdadero éxito del IPS no debería medirse por la cantidad de fotografías de inauguraciones ni por los discursos de sus administradores.

Debe medirse por la cantidad de paraguayos que reciben atención digna cuando la necesitan.

¿Dónde está el patriotismo?

En Paraguay nos gusta hablar de patriotismo.

Cantamos el Himno Nacional. Recordamos a nuestros héroes. Repetimos discursos sobre la soberanía y levantamos orgullosos nuestra bandera.

Pero el patriotismo también debería demostrarse de otra manera:

garantizando que un paraguayo tenga los mismos derechos, viva donde viva.

¿De qué sirve exigir patriotismo al ciudadano si el propio Estado no es capaz de tratarlo como ciudadano de primera categoría?

¿De qué sirve hablar de una nación unida cuando existen paraguayos que deben viajar cientos de kilómetros para conseguir una atención médica que debería estar disponible en su propia región?

La patria no puede ser solamente un discurso pronunciado desde un escritorio en Asunción.

La patria también está en el último distrito del país, en la colonia más distante, en la comunidad indígena olvidada y en el hospital regional que lucha diariamente con recursos insuficientes.

El interior no es una tierra de nadie

El Paraguay profundo no es una tierra de nadie.

Es la tierra donde viven millones de paraguayos.

Es la tierra de los agricultores, ganaderos, comerciantes, docentes, médicos, enfermeros, trabajadores, estudiantes y familias que todos los días levantan este país.

Es también la tierra regada con la sangre de generaciones de paraguayos que defendieron la soberanía nacional.

No es aceptable que esa misma población sea recordada únicamente durante las campañas electorales.

Porque allí aparecen candidatos, abrazos, promesas, banderas y discursos.

Después de las elecciones, demasiadas veces vuelve el silencio.

La verdadera deuda del Estado

La gran deuda del Paraguay no está solamente en los números del IPS.

Está también en la desigualdad territorial.

Mientras la capital concentra instituciones, especialistas, servicios y decisiones, el interior sigue esperando una verdadera política de descentralización.

Y esto no es una disputa entre Asunción y el interior.

Es una cuestión de justicia nacional.

Asunción también es Paraguay. Pero Paraguay no es solamente Asunción.

El país tiene 17 departamentos, cientos de distritos y comunidades que merecen exactamente la misma consideración del Estado.

Basta de un Paraguay con ciudadanos de primera y de segunda

La crisis del IPS debería convertirse en una oportunidad para discutir mucho más que balances, déficit, medicamentos o listas de espera.

Debería obligarnos a discutir qué modelo de país queremos construir.

Un país donde todo se concentra en la capital o una nación verdaderamente descentralizada.

Un país donde el ciudadano viaja hacia Asunción para resolver sus problemas o un Estado capaz de acercar soluciones al ciudadano.

Un Paraguay que recuerda al interior únicamente cuando necesita sus votos o un Paraguay que lo reconoce como parte fundamental de la República durante los 365 días del año.

La respuesta debería ser evidente.

El Paraguay no termina en la avenida que marca los límites de Asunción.

Termina —si alguna vez queremos que termine— en cada rincón donde vive un paraguayo.

Y mientras un asegurado del interior tenga que recorrer cientos de kilómetros para conseguir atención médica, mientras falten especialistas y medicamentos y mientras las inversiones públicas continúen concentrándose en la capital, hablar de un Paraguay integrado será solamente un discurso.

El IPS no puede ser fuerte en Asunción y estar colapsado en el interior.

Porque el trabajador del interior también aporta.

También vota.

También paga impuestos.

También enferma.

También tiene familia.

Y, sobre todo, también es Paraguay.

La hora de mirar más allá de Asunción no puede seguir postergándose. Porque una nación verdaderamente soberana no abandona a sus ciudadanos por vivir lejos de su capital.

El Paraguay necesita dejar de mirarse desde Asunción y comenzar, de una vez por todas, a mirarse desde todo su territorio.

www.infonews.com.py

Comparte esta entrada en...
Dejanos un comentario...