El fuego se propagó con extrema velocidad en una vivienda de madera en el barrio Guaraní de Pedro Juan Caballero. El menor estaba al cuidado de sus abuelos octogenarios y no logró ser evacuado a tiempo.

Una tragedia de alto impacto social sacudió la tarde del viernes 13 al barrio Guaraní de Pedro Juan Caballero, donde un incendio estructural de rápida evolución dejó como saldo la muerte de un niño de cinco años, evidenciando los riesgos asociados a construcciones precarias y la falta de sistemas básicos de prevención contra incendios.


El siniestro se registró alrededor de las 15:00 en una vivienda situada sobre la calle 12 de Junio esquina Perpetuo Socorro. La edificación, construida mayormente con materiales combustibles —paredes de madera y cubierta de fibrocemento—, presentó una alta carga térmica y favoreció una propagación acelerada de las llamas, pese a las condiciones climáticas adversas, ya que en ese momento se registraban precipitaciones intensas.
De acuerdo con el informe preliminar, el menor se encontraba bajo la guarda circunstancial de sus abuelos, un hombre de más de 80 años con limitaciones motrices en los miembros inferiores y una mujer de más de 70 años. Ambos lograron autoevacuarse, pero la densa concentración de humo, sumada al rápido avance del fuego, impidió la localización y rescate inmediato del niño.
El comisario Sergio Sosa, jefe de Prevención y Seguridad Ciudadana de Amambay, confirmó que el foco ígneo se habría originado en el sector de la cocina, aunque las causas exactas continúan bajo peritaje técnico. Tras las labores de extinción y enfriamiento, bomberos voluntarios hallaron el cuerpo del menor en esa dependencia, totalmente calcinado.
El caso expone con crudeza la combinación de factores de riesgo: viviendas con alta vulnerabilidad estructural, ausencia de detectores de humo, inexistencia de planes de evacuación y la imposibilidad física de reacción rápida por parte de cuidadores de edad avanzada.


Vecinos que acudieron ante los pedidos de auxilio manifestaron profunda consternación y recordaron que el padre del niño, quien se desempeña como recolector, ya había enfrentado la pérdida de su esposa en un accidente de tránsito hace aproximadamente un año, configurando un contexto familiar de extrema fragilidad social.
La intervención estuvo a cargo de personal policial y de bomberos voluntarios, quienes realizaron las tareas de extinción, enfriamiento y el procedimiento de rigor para la entrega del cuerpo a las autoridades competentes.
Este nuevo episodio trágico vuelve a poner en el centro del debate la urgente necesidad de fortalecer las políticas de prevención, control de instalaciones domésticas y educación en gestión de riesgos, especialmente en sectores donde predominan construcciones inflamables y residen poblaciones altamente vulnerables.