Ir al contenido principal

Info News

¿Hasta cuándo, Paraguay?

Comparte esta entrada en...

Cada proceso electoral debería fortalecer la confianza de la ciudadanía en la democracia. Sin embargo, en Paraguay ocurre exactamente lo contrario: cada elección deja más dudas que certezas, más sospechas que transparencia y más interrogantes que respuestas.

La implementación de las urnas electrónicas fue presentada como una herramienta moderna para garantizar rapidez, seguridad y confiabilidad en el conteo de votos. Sin embargo, una gran parte de la ciudadanía sigue preguntándose: ¿qué tan confiable es realmente el sistema utilizado en Paraguay?

Las críticas apuntan a varios aspectos. Muchos electores cuestionan la falta de mecanismos biométricos que permitan verificar de manera inequívoca la identidad del votante. Otros sostienen que los controles actuales son insuficientes para impedir irregularidades o suplantaciones. A ello se suman las constantes denuncias sobre la utilización de mesas especiales y la participación de operadores políticos que, según sectores de la oposición y de la propia ciudadanía, generan dudas sobre la transparencia del proceso.

Pero el cuestionamiento más grave surge cuando los resultados parecen desafiar toda lógica matemática y electoral. ¿Cómo se explica que determinados candidatos obtengan cantidades de votos muy superiores a la participación histórica registrada en procesos anteriores? ¿Cómo se justifica que en algunos distritos aparezcan resultados extraordinarios cuando la concurrencia de votantes no refleja semejante crecimiento?

Estas preguntas merecen respuestas claras, técnicas y verificables. Porque en democracia no basta con afirmar que el sistema funciona; es necesario demostrarlo. La confianza no se decreta, se construye mediante transparencia absoluta.

La Justicia Electoral tiene la obligación de despejar cualquier duda mediante auditorías independientes, controles rigurosos y acceso público a toda la información necesaria para verificar la legitimidad de los resultados. Cuando las sospechas se multiplican y las explicaciones no convencen, el mayor perjudicado no es un candidato ni un partido político: es la propia democracia.

Paraguay necesita elecciones en las que nadie tenga que preguntarse si su voto fue respetado. Necesita instituciones capaces de generar credibilidad y no incertidumbre. Necesita procesos tan transparentes que incluso quienes pierdan acepten los resultados sin cuestionamientos.

La democracia no puede sostenerse únicamente sobre la fe de los ciudadanos; debe sustentarse sobre mecanismos de control sólidos, verificables e incuestionables.

Porque cuando las dudas sobre el sistema electoral crecen, también crece el desencanto ciudadano. Y cuando la confianza desaparece, la democracia comienza a debilitarse.

La pregunta sigue vigente y resuena en cada rincón de la República:

¿Hasta cuándo, Paraguay?

Comparte esta entrada en...
Dejanos un comentario...