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ANR Partido Colorado: sin rumbo ni credibilidad en Pedro Juan Caballero

La Asociación Nacional Republicana (ANR) atraviesa uno de sus momentos más críticos en la capital del departamento de Amambay. En pleno año electoral, y a las puertas de la disputa por la Concejalía y la Intendencia Municipal de Pedro Juan Caballero, el Partido Colorado aparece sumido en la incertidumbre, sin liderazgo claro, sin dirección política y, lo que es peor, sin rumbo.

La escena política local se asemeja a un permanente “tire y afloje”, donde las candidaturas se lanzan y se descartan con una ligereza alarmante. Como solía decir un viejo dirigente, en Pedro Juan Caballero “los colorados cambian de candidatos como se cambian los calzoncillos”. La frase, aunque cruda, describe con precisión una realidad que se repite casi a diario: anuncios improvisados, movimientos erráticos y actores políticos que entran y salen del escenario sin explicación ni coherencia.

A este panorama se suman declaraciones tan desacertadas como preocupantes. El supuesto abogado Luis Guillén, en un video difundido públicamente, llegó a afirmar que, de ser electo intendente, cambiaría jueces y directores de policía como primer acto de gobierno. Tales expresiones no solo revelan un desconocimiento absoluto de la separación de poderes y de las atribuciones legales de un intendente municipal, sino que también ponen en duda su formación jurídica y su preparación para ejercer cualquier cargo público. Un abogado sabe —o debería saber— que la designación de autoridades judiciales y policiales no es competencia municipal. Lo demás parece más un intento burdo de construir una imagen de “mano dura” ante la ciudadanía que una propuesta seria de gestión.

Más grave aún es que Guillén arrastra cuestionamientos y acusaciones públicas sobre una supuesta vinculación con organizaciones criminales que operarían en Amambay. Hoy se presenta como adalid de la moral y la transparencia, en una contradicción que la sabiduría popular resume sin rodeos: “el sucio hablando del mal lavado”.

En medio de este desorden, surge también la sorpresiva renuncia de Fernando Peralta a su candidatura, supuestamente en favor de Papillín Fernández, impulsada por una encuesta que lo ubicaría en primer lugar. Sin embargo, el sondeo carece de toda claridad y credibilidad: no se conoce la firma encuestadora, la metodología aplicada, los barrios relevados ni el universo de entrevistados. Todo indica que se trata de una encuesta fantasma, utilizada más como herramienta de presión política que como instrumento serio de medición.

El resultado de este cúmulo de improvisaciones, declaraciones irresponsables y maniobras poco transparentes es devastador: una ANR local desacreditada, atrapada en una crisis existencial sin precedentes y cada vez más alejada de la confianza ciudadana. No es un dato menor que el Partido Colorado viene fracasando sistemáticamente en las últimas elecciones en la capital departamental.

La única figura que parece mantener cierta estabilidad es la del actual gobernador, Juancho Acosta, electo tras casi tres décadas de dominio de otros sectores. Sin embargo, su respaldo político luce tibio y condicionado. Todo indica que su principal —y acaso único— objetivo es asegurar la elección de su sobrino como concejal municipal. El resto, parece, queda librado a su suerte.

Pedro Juan Caballero asiste así a un espectáculo político lamentable, donde el oficialismo partidario que históricamente se jactó de orden y estructura hoy exhibe desorientación, personalismos y una alarmante falta de proyecto. Si la ANR no redefine con urgencia su conducción, su discurso y sus candidaturas, el veredicto de las urnas podría ser, una vez más, implacable.