El Departamento de Amambay, cuna del histórico Cerro Corá y frontera estratégica con el Brasil, sigue siendo uno de los territorios más olvidados por el Estado paraguayo. A pesar de su incuestionable aporte a la economía nacional y su potencial geográfico, esta región carece de infraestructura vial adecuada, lo que limita su desarrollo y profundiza su aislamiento.
No es un secreto que Amambay representa una pieza clave en la producción agropecuaria del país. Su territorio genera importantes volúmenes de carne bovina, oleaginosas y derivados, contribuyendo de manera significativa a que Paraguay se mantenga como un actor relevante en el mercado internacional de exportación agrícola. Sin embargo, ese rol no se ve correspondido con inversiones o políticas públicas estructurales.
La falta de caminos transitables, de presencia efectiva del Estado y de políticas sostenidas de desarrollo no solo afecta la calidad de vida de sus habitantes, sino que favorece el avance del narcotráfico y la inseguridad. Las condiciones actuales convierten al departamento en tierra fértil para el crimen organizado, cuando podría ser —con la debida atención— una puerta de ingreso al desarrollo sustentable y rentable para todo el país, aprovechando su frontera directa con uno de los mercados más grandes de Sudamérica.
¿Por qué, entonces, Amambay sigue relegado? ¿Qué impide que las autoridades nacionales lo integren verdaderamente al proyecto de nación? La respuesta sigue sin llegar.
Es urgente que los representantes del departamento —y quienes dicen hablar en nombre de sus comunidades— dejen de mirar hacia otro lado y asuman el compromiso de luchar por una transformación real. La historia de Amambay no puede seguir escribiéndose desde el abandono.
El 13.º departamento de la República no solo merece atención: la necesita con urgencia.